19 septiembre, 2019 - 1:24 pm

Abordaje Psicológico de los pacientes con Linfoma en el pediátrico

El linfoma es un tipo de cáncer poco conocido. Más de la mitad de las personas que lo padecen no habían escuchado hablar de esta enfermedad antes del diagnóstico. Es importante siempre informarse sobre todo tipo de enfermedades, y sobre todo de aquellas que son muy pocos conocidas, y desde el Hospital de Pediatría Dr. Fernando Barreyro haremos referencia de cómo encarar y afrontar esta enfermedad, sobre todo en los niños y adolescentes, a través de la Licenciada en Psicología, Luisella Lorenzo.

¿Cómo es el abordaje psicológico de un paciente con linfoma?

El abordaje no es distinto a otra patología. Frente al diagnóstico para todos los shocks es el mismo, no importa si es leucemia o si es linfoma porque hacen la asociación a que es un cáncer y no es fácil.

En el caso del linfoma, al ser los tiempos de confirmación más extensos por los estudios que se deben realizar para confirmar el diagnóstico, el acompañamiento a la familia es mucho más intenso porque la familia quiere nombre y apellido de la enfermedad que tiene el hijo.

Entonces, en un primer momento se trabaja con poder afrontar ese diagnóstico, contener, poder permitir que expresen todas las dudas que les genera las asociaciones que se van haciendo en la cabeza, como que se van a morir porque tienen cáncer.

¿Los niños sienten la curiosidad de preguntar por la enfermedad y su tratamiento?

El niño no pregunta mucho, sufre por los pinchazos, lloran por los pinchazos, pero son muy pocos. Depende de la personalidad. Tenemos chicos que preguntan mucho, que dicen mi leucemia o mi cáncer, pero como la población de linfoma puntualmente acá es entre 14 y 16 años, por ahí ellos tienen un papel mucho más activo en su tratamiento y preguntan: “no me dijeron que se me iba a caer el pelo, no me dijeron esto, no me dijeron lo otro, no me gusta esta cicatriz, no me quiero mirar al espejo”. Es otro el planteo del chico de 14 años que el de 10, 8 o 6 que no pregunta nada. El de 6 años lo único que pregunta es cuándo puede comer o cuándo puede volver a su casa, es bastante distinto.

¿Cómo es para los padres afrontar este diagnóstico y llevar adelante el tratamiento?

El diagnóstico genera el primer shock y a veces, psicológicamente hablando no procesan el diagnóstico, es como que hay tantas cosas por hacer en ese primer momento, que vienen del interior, que modifican la dinámica familiar, quien se va a quedar, quien no se va a quedar, con qué recurso lo vamos a hacer, traer papel para gestionar la quimio, es mucha información junta y no procesan eso. Entonces después cuando empiezan la quimio en el caso del linfoma no tanto, pero en el caso de la leucemia, por ejemplo, cuando se internan por primera vez por una infección posterior en ese periodo de inducción que está todo tan complicado a nivel médico es ahí donde reaccionan. Cuando ven un efecto de la quimio en realidad. Entonces es como que ahí la realidad no se puede negar.

¿Cómo es la relación del personal de salud y los pacientes con Linfoma?

Para todo tratamiento es importante tener alianzas entre el equipo de salud y el paciente, porque no solo genera confianza, sino que además asegura que se lleve adelante el tratamiento en 100%. En nuestro equipo Silvana y Fernando son claves.

¿Podemos anticipar un acontecimiento atemorizante? ¿Cómo se trabaja?

Nuestro mayor recurso son los padres para poder anticipar algo, nosotros les pedimos explícitamente que por ejemplo no les mientan cuando tienen que venir al hospital, porque los traen engañados. Para nosotros es fundamental explicar a los padres todos los procedimientos que el chico tiene que afrontar, y uno ve que si los padres, médicos y psicólogos somos claros en la información el chico está tranquilo, el chico enfrenta cualquier procedimiento con otra actitud.

¿Existe sentimiento de soledad en pacientes con Linfoma?

En el adolescente yo creo que sí. Acá lo que se ve es que se comunican mucho, se conocen en el hospital de día, nos pasó con una chica que se había derivado porque se complejizo y no podía continuar acá el tratamiento y otra chica va a hacer determinados controles a Buenos Aires, o sea se conocieron en Bs As en el Garrahan y estando acá nosotros nos enteramos que se mensajeaban “a fulana le pasó tal cosa”. Como que entre ellos yo creo que sí, que se sienten solos porque por ahí acá la población son más niños los que asisten, entonces después cuando se ven entre un adolescente y otro es como que generan una alianza, también compiten por el cariño de los oncólogos. Se ve que ellos se refugian mucho entre ellos.

¿Cómo se manejan las crisis?

En el momento de crisis tenés que dejar que pase nomas la crisis a la persona en sí, vos le podés acompañar al papá y contenerlo. Pero a veces nuestra intervención es darle la mano y decirle que se tranquilice. El trabajo terapéutico va a ser después, ahí es volver a pensar qué paso, porqué reacciono así o si se arrancó la vía que suele pasar ahí en ese caso lo que podemos hacer son intervenciones para que eso no vuelva a pasar, pero a veces esto no sucede, hay crisis de llanto, de morder, de patear. O sea que hay que dejar que pase en ese momento la crisis. Distinto es una crisis en el momento del diagnóstico, ahí nosotros estamos y le acompañamos con la palabra y con el cariño, no hay recursos más que esos en esos momentos.