Hola buenos días, hoy intentare contarles lo que siente un médico cuando debe dar un diagnóstico, proponer un tratamiento, cuando esto es posible y el pronóstico…
Cada día, cuando se abre la puerta del consultorio comienza un proceso de evaluación que más tarde o más temprano finalizara emitiendo luego de la valoración clínica y de exámenes complementarios con un diagnóstico, la propuesta del tratamiento, si es posible y las preguntas a responder son, se puede hacer esto acá? Tuvo muchos casos parecidos? Cuál es el pronóstico?. Es, en ese momento, cuando el médico debe actuar con total responsabilidad y en base a su formación, conocimientos y experiencia; transmitir con palabras claras, sencillas toda la información para que sea entendida por los padres y así poder tomar la decisión más acertada…
El diagnóstico suena a los oídos paternos como una sentencia, se hace presente la idea que «el doctor se equivocó». Más aún cuando el tratamiento propuesto implica una cirugía en la cabeza.
La historia de Luciano Bernal, habla un poco de todo esto. Cuando la mamá de Luciano se encontraba embarazada, en uno de sus controles de rutina, recibe la peor noticia, él bebe que estaban esperando tenía una malformación cerebral severa, con un pronóstico reservado, no sabíamos si iba a vivir.
Con angustia, con sentimiento encontrados, con alegría, por tener un bebé en la panza con tristeza por la incertidumbre hacia la vida misma. Pero con coraje para seguir adelante, Luciano llegó, con gran compromiso de vida, fue operado, tuvo múltiples complicaciones y siempre de por medio mi palabra preparándola para lo peor, haciendo sentir la posibilidad siempre presente de la muerte.
Luciano supero todas las batallas, y como siempre digo, mientras mi paciente me pida ayuda seguiré intentando. Su madre, su amor, su perseverancia, aceptando lo que le toca, pero resistiéndose al destino. Un ejemplo de lucha.
En los controles sucesivos, festejamos cada progreso, y su mamá me clavaba un puñal con el comentario: «vio Dr. Barrera como avanza Luciano, y Ud. me dijo que se iba a morir». Me destrozaba en cada encuentro. Un día me senté a conversar con esa madre incansable, que concurre a cada cita con todos los profesionales, con alegría, preocupada para que su hijo no se pierda ninguna consulta. Fue capaz de mantener la familia unida. En aquella ocasión le dije: » por favor ya no me repitas eso, no es fácil para mi tener que dar ese diagnóstico, me duele el alma cuando te escucho. Dios nos dio una nueva oportunidad, tu generosidad en confiarme tu hijo, lo incondicional de tu actuar es responsable de lo que es Luciano hoy», ella me miró y por su gran generosidad entendió lo que estaba diciendo.
Hoy me parte al medio cuando Luciano entra al consultorio y me dice: » Hola Barrera!!!!» Toca el acordeón y le gusta el chamame… Un diagnóstico no es una sentencia… Sin dudas el poder del amor de una madre…