El dolor… la entereza de una abuela…

Buenos días, un nuevo encuentro… viejo problema sin resolver…accidentes de tránsito una historia repetida, que tiene mucho que ver con cambios de hábitos, con cambios culturales y respetar las reglas… Sirva para reflexionar….

No me cansare de insistir sobre los accidentes de tránsito, cuando estos dejan de serlo, se vuelven prevenibles y son producto de la negligencia, la impericia, del exceso de confianza al mando del volante… No es mi intención buscar culpables, eso le corresponde a la justicia… Pero creo que todos somos en parte responsables…

El domingo, el Día del Padre, tuvimos mucho trabajo en la terapia intensiva del Hospital de Pediatría… Ingresaron cuatro niños poli traumatizados, dos primos y dos hermanitos, en muy grave estado, con compromiso de vida… Nuestro equipo estuvo a la altura de las circunstancias, hizo su trabajo con calidad profesional, poniendo todo al servicio de esos niños… Luego del impacto, del desborde de adrenalina, cuando uno comienza a ver el fruto del esfuerzo y los pacientes críticos ingresan en una fase de compensación como respuesta al tratamiento instituido, es allí donde uno supera el stress inicial, satisfecho por haber superado el primer encuentro y haber vencido a la muerte que acechaba en ese momento…

Es allí donde uno se relaja, al menos un poco y se preocupa por el cómo sucedió, para entender como cuatro niños de corta edad ingresan en tan grave estado…

Por un momento, aparece el papá o la mamá que cada uno del equipo de salud tiene en su interior, se compadece, se estremece, e intenta una explicación… Y entonces aflora el entrenamiento, lo profesional y vuelve a su trabajo… Siempre les digo a los padres, que vinieron en búsqueda de un médico que los ayude… no un papá que llore con ellos… (Aunque muchas veces la verdad medica sea dura y nos quiebre el alma por dentro)… 

Salí a buscar al adulto responsable, quien había acompañado a los niños de dos familias diferentes, destrozadas involucradas en el accidente… A mi encuentro, vino una mujer no tan mayor que se presentó como la abuela de los hermanitos…

Sin mediar pregunta alguna, relato que llego minutos después del accidente, que  encontró a su hijo fallecido (padre de los niños), su nuera gravemente herida, que rescato a sus nietos entre los hierros retorcidos con la ayuda de otras personas, los cargo en un auto particular y los acompaño hasta nuestro hospital… nos dijo que no se podía dar el lujo de sentirse mal… que nos agradecía todo el esfuerzo que hacíamos por sus nietitos… y que ahora tenía que arreglar la despedida de su hijo…

Tenía la obligación de informarle la condición crítica de los niños, que hicimos y continuaríamos haciendo nuestro mejor esfuerzo, como ella nos expresó… Estaban en manos de Dios…

Siempre creo encontrar las palabras adecuadas, pero esta vez… en veinte años… sentí que nada que dijera era suficiente… me sentí muy pequeño, ante tamaño acto de amor y entereza… me limite a abrazarla.